Galicia en Michoacán

Ahí yace el significado social del arte: educa constantemente al espíritu de la época, conjurando las formas de las que la época carece. La añoranza insatisfecha del artista va, en su subconsciente, hacia la imagen primigenia que mejor lo compensa por la inadecuación y unilateralidad del presente.”
Carl Gustav Jung, On the relation of analytical psychology to poetry

En Michoacán las circunstancias fueron bastante diferentes a las encontradas en Galicia. Para empezar, no participarían todos los artistas michoacanos por cuestiones ineludibles, así que el contingente de identidades se conformó por quienes viajaron desde Galicia, muy bien acompañados por el Concejal Araújo, su esposa Margot y la Concejala de Juventud, María Araújo Rey, por Quy Lan Lachino, que viajó desde la Ciudad de México con su fuego interno, y yo.

Otra cosa en la que se difirió del Encuentro en Vilagacía, y que marcó el tipo de trabajo a realizarse, fue la ausencia de materiales. L@s artistas debíamos de trabajar con nuestros propios recursos, privilegiando la imaginación más que los objetos, la creatividad de la acción más que la permanencia matérica. Buscaba con esto lograr la experiencia artística basada en la relación humana, cosa que se logró en gran medida. Aunque no es fácil prescindir de la materia, l@s artistas involucrados extendieron su quehacer y se internaron en nuevos territorios que les ofrecen caminos novedosos para su devenir artístico.

Daniel Iglesias realizó una animación que remitió a los cines callejeros de inicios del siglo pasado. La proyección sobre piedra –en la moreliana Plaza San Agustín- y sobre madera –en la pared de una vieja troje en Capacuaro-, añadió un hálito de juego antiguo al Encuentro, mediante un teatro vacío que enmarcó la secuencia de imágenes de obras artísticas cargadas de movimiento -de la finura rupestre y cretense a Leonardo y el Bosco, hasta llegar a los primeros estudios fotográficos del movimiento corporal realizados por el inglés  Eadweard Muybridge en San Francisco a finales del siglo XIX.

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Los personajes anónimos de José Luiz Oubiña cobraron aquí un sentido de intercambio de identidades, ya que al instalarlos en las calles michoacanas invitó al reconocimiento de lo ajeno como propio: estos gallegos podrían también ser nativos, ¿en dónde yace la identidad? ¿Cómo se le percibe? ¿Es el anonimato que habla de la identidad oculta?

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Platis ejerció una acción de constante acercamiento a la intimidad de las personas que tenían la suerte de cruzarse con él. A través de los rasgos gráficos manifestados en su escritura, el artista interpretaba carácter y personalidad. Mediante estas lecturas grafológicas, Platis se convirtió en una especie de doctor corazón en el cual la gente llegó a depositar por momentos sus inquietudes más privadas. Les mostró –desde su otredad- un espejo que facilitó la expresión de dudas y la reflexión sobre su propia identidad.

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Encontrar en su caminar por las calles gente con la que sintiera empatía, y ofrecerle un “pensamiento al vuelo” materializado en camisetas, fue lo que hizo Edmundo Paz. Cada día ofreció una frase distinta impresa en 10 camisetas, que regaló (e incluso llegó a intercambiar la que él portaba), con personas con las que se hermanaba gracias a ese hecho. Lograr el acercamiento, convencimiento y registro de la acción dio como resultado una serie fotográfica muy interesante, además de las vivencias experimentadas.

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Marta Rial tiene dos elementos iconográficos básicos: los ojos, con los que trabajó en su ciudad Vilagarcía, y el pelo, con el cual desde el año 2002 comenzó a tejer una trenza que, hasta el momento de llegar a Morelia, medía 30 metros de largo. Su estancia en México le proporcionó al menos 5 metros más de cabello, ya que uno de sus proyectos fue solicitar mechones a hombres y mujeres de larga cabellera, obteniendo casi siempre respuesta afirmativa. Ella lleva un riguroso registro de sus donantes y promete enviarles una foto de su mechón integrado a la trenza que, en determinado momento, conformará una obra  mayor.

Sin embargo, esta recolección fue solo el preámbulo para su proyecto Somos Una, que pretendía integrar a mujeres indígenas de largas trenzas en una trenza continua. Esto se logró en la visita a Capacuaro, en donde Angelina Jiménez Rosales convocó a las muchachas, que son las únicas mujeres de la comunidad que podrían participar en una acción así, logrando la cooperación de 9 de ellas, nombradas doncellas para los ritos religiosos de la semana. Cabe aclarar que aquí existe una estructura religiosa sincrética en la que la vida gira alrededor del servicio al templo. Cada viernes un numeroso grupo de mujeres se dedica a cambiar el ajuar de flores que cubre cristos, santos y vírgenes, mientras algunos hombres limpian a conciencia el edificio.

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Quy Lan Lachino nos presentó una nueva versión de La Mujer de Luz, en la que en el escenario de la Calzada de San Diego, uno de los puntos más hermosos de la Morelia colonial, enmarcó una escena sustraída del mundo onírico rulfiano. Cubierta con un rebozo oscuro frente al fuego de tres velas estáticas y una llama en movimiento ascendente, cual plañidera –o furia- gritaba al viento el dolor de los días terribles, creando una tensión que culmina con el sucumbir de la llama justo antes de tocar las ramas del árbol que la sostiene.

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En cuanto a la continuación del Muro de Besos contra el Odio, esta vez se empezó a construir con la acción de besar grabada en video. Lanzar besos al aire a favor del amor y frente a la cámara constituyó un ejercicio en apariencia fácil y divertido que, una vez más, aprehendió la unicidad de las bocas y los besos, la propia individualidad manifiesta en un acto breve y cargado de simbolismo, que usualmente terminó en una sonrisa.

 

El arte tiene la capacidad de provocar el rompimiento de las barreras culturales –de tiempos, lugares, tradiciones, escuelas, tendencias- para establecer vasos comunicantes solidarios. Es resistencia, tiene el poder de ofrecer elementos unificadores dentro de una visión multicultural de la sociedad contemporánea; es, en si mismo, una fuerza que escapa a los designios dominantes si se genera desde la propia identidad y  confronta las cómodas nociones aceptadas. La capacidad del arte de ser memoria y profecía puede, finalmente, fortalecerse o diluirse junto con nuestra identidad.

Es por esto que, a partir de la propia necesidad creativa de una creciente red de artistas, identidades borda con la memoria y las raíces hacia el futuro.

Video realizado por la concejalía de cultura de Vilagarcía de Arousa.

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